ÁRNICA.
Acudí ingenuo
a la sombra del árbol cortado,
esperaba la calidez de tu sabiduría.
Lo que no recibí se me clavó el la planta del pie.
Lastimosas se fueron mis pisadas
del lugar donde confundidos
compartimos árnica y desaliento.
Te disculpo,
y aunque no deba,
mañana volveré al árbol cortado,
a lastimarme los pies
con la ausencia de tu amor tan primordial.
